17 de mayo de 2016

Reseña: «El camino de los dioses»

El camino de los dioses narra magistralmente un viaje por las antiguas civilizaciones. Imagen: www.edicionesb.com 



El camino de los dioses discurre por Grecia y, sobre todo, por un Egipto sobre el que el águila romana lleva tiempo haciendo sombra con sus alas imponentes. Me atrevo a decir desde ya que es, con el permiso de otros grandes del género, la mejor novela histórica que he leído nunca.

Un asunto recurrente aquí es la codicia del ser humano. Desde el principio de la obra conoceremos a personajes que velarán por sus propios intereses sin importarles cómo afecte esto a los demás. Sin embargo, iremos descubriendo que no todo el mundo es egoísta con el resto, con lo que asistiremos a un enfrentamiento tácito entre el actuar con cabeza y el actuar con el bolsillo. Esto será determinante en el devenir de la historia del protagonista, el cual padecerá, sufrirá y aprenderá de los designios involuntarios a los que se ha visto sometido.

Si os gusta la mitología, este libro es un pequeño tesoro. Hay referencias constantes a los dioses griegos y egipcios, todos ellos descritos con sus atributos, gustos y algunos caprichos que parecen tomarse con algunos personajes. Asimismo, la influencia divina de los orishas embellece el componente mitológico del libro de forma increíble. Por si esto no era poco, también se da el fenómeno de la intertexualidad, es decir, textos de otras obras presentes en esta. Algunas obras griegas, Ilíada y especialmente Odisea, una de mis favoritas desde que cursara Cultura Clásica en el instituto, tanto que con edad de leer versiones adaptadas se me ocurrió comprarme una completa, hacen acto de presencia e incluso cotejan escenas de este obra con las que viviera el rey de Ítaca. Absolutamente maravillosas estas referencias.

También podremos asistir a un complejo panorama de personajes y lugares. Me parece un aspecto bastante humano el haber dibujado con tinta a gente tan sumamente diferente una de otra. Desde el personaje más serio al que no se calla ni debajo del agua, desde la pobreza de una zona de Egipto a la majestuosidad de alguna otra. Desde el recatamiento de algunos habitantes hasta lo levantiscos que son los de otra cuando algo no les place, etc. Todo confluye en una serie de constrastes que ayuda a que no te pierdas ni por un segundo estés donde estés.

Otro aspecto que destacaría es el del paso del tiempo. Veremos que afecta a todo cuanto se mueve, ya sean pocos años o muchos los que transcurran de una escena a otra. La obra es muy descriptiva en este detalle y muestra señales de todo tipo: desde el aprendizaje personal hasta el destino de cada elemento con o sin vida. Con más justicia o con menos, los escenarios van cambiando para hacer ver que el paso de los años no es amigo de lo inmutable.

Veremos también algo que sigue pasando hoy día: la necesaria dependencia de otros para ayudarte a dar pasos en la vida. Me refiero al apoyo moral, al que se basa en la lealtad y compromiso con los tuyos cuando no los dejas de lado en situaciones difíciles. Ahí es cuando te das cuenta de quién vela por ti y a quién le importas menos. La obra refleja con asombrosa nitidez esta cualidad humana en un montón de personajes.

Una mezcla de amor, ambición y valor, con virtudes y algunos defectos, se unen a todo el elenco anterior para hacer de El camino de los dioses una obra sobresaliente, que te involucra en su lectura desde el principio y a la altura de las mejores de su género en toda la literatura universal. Leedla, sobre todo si habéis estudiado letras puras. Os va a encantar.

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