14 de marzo de 2016

¿Lugar real o imaginario?

El emplazamiento se considera un factor importante en una obra literaria. De entrada, sitúa al lector en un lugar físico, en unas calles, en unos edificios, parques o cualquier otra parte de lo que podría ser una ciudad, pueblo o aldea.

¿Es preferible emplazar la obra en un lugar real o ficticio? Yo defiendo que sea ficticio. En primer lugar, gracias a esto puedes crear lo que te venga en gana en el terreno que estás describiendo. El centro de una gran ciudad suele tener edificios altos, tráfico y bastante contaminación. ¿Y si en lugar de eso se nos ocurre imaginarnos un gran solar vallado o un barrio con casas abandonadas en pleno centro y que esconden alguna historia particular? Describir una capital de provincia con algo de este estilo resultaría absolutamente surrealista. La imaginación, en cambio, te da vía libre. Gracias a aquella hemos podido visitar desde casa lugares como Lilliput, Brobdignag, Macondo y Santuario.

Aun con ello, no me opongo en absoluto a leer sobre sitios reales. De hecho, los necesitamos para aprender o recordar su historia. ¿Qué hay, por ejemplo, de La Alhambra? Aparece mucho en la novela La Loba de al-Ándalus y nos deja ver qué se cocía entre el rey Mardanish y el poderoso ejército almohade en el siglo XII, aparte de las costumbres reales de aquella sociedad de antaño. Madrid, que es bastante más reciente respecto a la anterior, nos muestra la capital desde muchas ópticas a lo largo de siglos de historia, concretamente desde 1565 hasta asuntos más cercanos a nuestros días. Si con esto no tuviéramos bastante, bien vale incluir en esta lista los paseos bélicos que nos podemos dar por la Galia y Britannia en La legión de los inmortales, donde nada salvo la guerra, alguna orden de César y el hacer de quienes hacen posible que una empresa funcione -en este caso los soldados- se dan cita.

Sea en un lugar ficticio o real, lo que el lector busca es que la historia agrade. Si el emplazamiento es irreal, toca imaginarse lo más claramente posible lo que el escritor quiera transmitirte. En caso de que no sea irreal, será turno de acabar de retocar las formas que ya nos suenan si es una ciudad moderna o recrear con cierto sentido lo que esa urbe pudo ser en el pasado. En todo caso, que nadie se prive de imaginar mientras lee. Es entrenido e instructivo.

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