5 de junio de 2014

Lectura contra la ansiedad y el estrés

La ansiedad y el estrés se han convertido en elementos habituales del siglo XXI. El trabajo y otras obligaciones te obligan a llevar un ritmo frenético a lo largo del día, a lo que hay que sumar los problemas de cada uno, insatisfacciones, etc. Todo ello lleva, en el peor de los casos, a una situación de ansiedad y de estrés que es necesario controlar. Veremos qué podemos hacer mediante la lectura para sobrellevar ambos problemas.

El paso previo es lograr relajarse. No sirve de nada coger un libro si no estamos tranquilos, ya que antes de centrarnos en lo que nos narren le acabaremos dando vueltas a los problemas. Una vez logrados conseguir la calma, es hora de elegir qué leer.

¿Hay algunas lectoras mejores que otras para estas situaciones? Sí las hay. Es recomendable que la lectura que vayas a hacer sea ligera y muy descriptiva. Qué mejor que la ficción de cualquier tipo: novela policiaca, relatos de fantasmas, utopías, etc. Por un lado, dejas volar tu imaginación hacia lo que te describe el libro; por otro, esas descripciones ayudarán a obligarte a imaginar rostros, formas, tamaños y cualquier otro elemento que se exponga en el texto. Tienes que tratar de centrarte al máximo en lo que te cuenta la historia.

El ensayo -o no ficción-, si bien es una opción rica en conocimientos, es menos conveniente. La mente necesita relajarse y lo que no conviene es que te pongas a reflexionar sobre las cuestiones que plantee un ensayo acerca de lo que sea. No es malo, por supuesto (de hecho, a mí me encantan los libros de ensayo), pero para estos casos hay opciones mucho más livianas. Veamos dos ejemplos que podrían perfectamente formar parte de algún libro. Juzga cuál ayuda a mantener más tranquila tu mente:

1. El recibidor lo componía un mueble de madera de roble sobre el que se posaban dos figuras. Una era un gato de porcelana de mirada imperturbable, de superficie completamente lisa y que no levantaba más de veinte centímetros del suelo. La otra figura fue la que llamó su atención. Era la de un pastor con un cayado de plata en la mano derecha. En la izquierda tenía un objeto que no supo identificar. Era una especie de reloj de cuya esfera sobresalían afiladas puntas. Dentro no había más que una aguja que apuntaba a unos caracteres raros. Parecían cúficos, pero sabía que no pertenecían a este estilo.

2. Según contó la investigadora, las causas de la contaminación en las ciudades no se debían solamente a la acción humana. En cada producto, añadió, residía un cuestionable interés económico del que las clases más pudientes se beneficiarían. Sin embargo, su compañero aseguró que difería del punto de vista de su compañera, ya que la rentabilidad del producto no parecía la que ella apuntaba por ser menor el número de consumidores que podría permitirse adquirir el producto. Según él, era algo destinado a facilitar la vida a las clases más humildes.

Está claro que el primer ejemplo hace que dibujes cada detalle con el fin de no perder hilo en la historia y es entretenido; en cambio, el segundo extracto te hace cavilar sobre los beneficios de sacar a la venta un producto desde varios puntos de vista. Es menos ligero, lo cual no quiere decir que sea peor que el otro.

Con todo ello, la elección entre un libro u otro sigue siendo libre. La ficción es una buena opción para inhibirse unos minutos del mundo, pero la decisión siempre sigue siendo de quien lee. La lectura no va a permitir que salgas de tus problemas a la primera, pero sí es algo más que puedes añadir a tu rutina para que lo menos beneficioso vaya tomando puerta en favor de esta sana actividad.

2 comentarios:

  1. Coincido con lo que apuntas, Alberto. :) Si bien, tengo algunos problemillas como lectora. La ficción, en general, me engancha menos que los textos "didácticos". Supongo que es cuestión de que siga explorando.

    ¡Ah! Muchas veces, aunque no esté relajada del todo, consigo esa ansiada tranquilidad tras unos minutos de lectura. Aunque es más deseable lo que tú recomiendas: abrir el libro ya que uno está en calma y con disposición de pasar un buen rato.

    Enhorabuena por tu blog. Larga vida a las letras. :)

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    1. Es cuestión de darle una oportunidad al otro terreno literario. Hay veces que uno no tiene ganas de fantasías y sí más de aprender. Depende también de la costumbre que tengas entre leer ficción y no ficción. Lo que más creo que te gustaría de esta es el género de ficción histórica: la sociedad de cierta época narrada y vivida por personajes ficticios. Almudena Grandes y Julia Navarro son dos ejemplos actuales por si quieres empezar a indagar.

      Gracias por tu comentario :). ¡Larga vida a las letras, jeje!

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