15 de julio de 2015

Reseña: El mal camino

El mal camino es la segunda novela de Mikel Santiago y ha sido publicada por Ediciones B. Imagen tomada de www.edicionesb.com
Si La última noche en Tremore Beach ya traía suspense, este libro no se queda ni mucho menos atrás. Hay quien dice que ese factor aparece aquí con más frecuencia. No se aleja de la realidad: el autor ha vuelto a intrigarnos, pero con más intensidad que hace un año.

Destacaría en primer lugar de este libro la exploración y contraste de la excentricidad y la cordura en el ser humano. Es increíble cómo de una pequeña idea o hecho puede uno hacerse un mundo imaginario del calibre del que muestra el protagonista, una acción en muchas ocasiones mundana y muy humana. Las cábalas e impresiones que de diversos estímulos van surgiendo convierten a este personaje en un reflejo de lo que ocurre cuando no paramos de rumiar algo con o sin importancia. Un viaje laberíntico cuya meta tiene deducciones, a veces, de lo más disparatadas.

Otro factor que me ha gustado es el estilo de narración persuasivo. El lector se une inconscientemente a ese viaje a través de caminos cruzados, pero en esta ocasión para tratar de adivinar si ciertos personajes cuentan la verdad o no en sus historias. La inmensa maraña de pequeños hechos y no saber si son ciertos o no se convierte en una invitación a colaborar con la historia. ¿Qué descarto? ¿Qué parece más fiable? ¿De verdad que esto no es una mentira? ¿Qué relación puede tener esto con lo otro cuando son dos cosas opuestas? Me he divertido tratando de resolver el porqué de lo que iba ocurriendo.

En tercer lugar, destaco el compenente adictivo. Hay varios momentos repartidos a lo largo del libro en que los finales de capítulo hacen que no pases sin el siguiente. Es como si te cuentan una historia y te dejan el último detalle para dentro de un rato. Si tienes mucha curiosdad, la impaciencia te domina y sigues leyendo. Otros momentos, por supuesto, son más relajados, lo cual no quiere decir que no tengan trascendencia después.

Una ambientación parecida a la de la novela anterior, soledad, tensión, desencuentros y un ritmo frenético de la sucesión de acontecimientos forman un puzle entretenido de componer. Os recomiendo leer la novela por mucho calor que haga este verano, ya se encarga el autor de hacer que te olvides del termómetro y, de paso, regalarte algún que otro escalofrío.

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